domingo, 22 de enero de 2012

La escalera

   Nunca imaginé que por fin iba a ser feliz. 

  Recuerdo cuando subía las escaleras de aquella casa. Solía hacerlo lentamente. Bajarlas, en cambio, era diferente: de dos en dos o en pequeños saltos. Conocía perfectamente la forma en que debía hacerlo.
   Un día esperaba una importante visita. Quizás iba a cambiarme la vida, me atreví a pensar. Siempre me había molestado el sonido del timbre, pero aquella vez me provocó una inevitable euforia. Bajé las escaleras corriendo y sin pausa, incluso me aventuré a finalizarlas con un gran salto que abarcaba cuatro escalones.
   -¡Ya voy!- grité mientras intentaba levantarme del suelo.
  Ahí estaba. Hacía ocho años que no contemplaba aquel rostro, ahora mucho más demacrado. Nos fundimos en un tierno abrazo que parecía no acabar nunca.
   -Hija, ¿esas son formas de vestir? El Señor no debe estar contento. Y vaya casa tienes, podrías limpiar más a menudo-me reprochó.
   -No empieces, mamá. Hoy no quiero discutir.
   Nuestras palabras se cruzaban durante las horas de la tarde hasta alcanzar la penumbra. El frío invadía los más recónditos espacios de aquella vieja casa, pero yo ya estaba acostumbrada.
   -Paula, sabes que estoy aquí por un tema importante. Pensé que debías saberlo, siento no haberte dado más detalles antes.
    -¿De qué se trata?- pregunté algo desconcertada.
   -Verás... Ayer fue el cumpleaños de tu padre. Pues bien, el único regalo que me ha pedido es volver a verte, quiere arreglar las cosas contigo.
   Una desagradable sensación recorrió mi cuerpo e invadió todos los poros de mi piel. Tanto, que mi madre se percató.

   Las discusiones comenzaron diez años atrás, cuando decidí apostatar. Mi familia siempre había sido católica practicante, pero gracias a mi ex novio descubrí que la gran religión no hacía más que recabar dinero mediante el control psicológico de la sociedad. Cuando mi padre se enteró intentó prohibirme toda clase de actividades y encerrarme en casa. Finalmente, logré escaparme. Lo único que dejé fue una nota a mi madre:
"Mamá, sé que tú siempre me has respetado, por eso no quiero causarte más problemas. Me voy, no volveré. Voy a ser feliz. Te quiero."
   Dediqué toda la noche a reflexionar. Por la mañana, le di a mi madre una respuesta: sí, vamos a ver a papá. Después de todo, no había disfrutado mi vida durante estos años. Cuando mi novio y yo lo dejamos empecé a mantener relaciones esporádicas con chicos que conocía en lúgubres bares. Todo eso influyó en mi posterior visita a mi actual psicóloga, la cual me recuerda constantemente que para ser feliz debo cambiar de vida. Sinceramente, no me veo capacitada.
   A la mañana siguiente nos sumergimos en un viaje de tres horas en coche. No dejaba de pensar en su cara y en qué decirle. Tantos años sin verle...¿cómo iba a actuar?
   Su primera reacción fue una sonrisa. Dentro de la milimétrica perfección de aquella casa, me propinó un golpe que me dejó inconsciente.
   -¡Mamá! ¡Mamá! ¡Sácame de aquí!-exigí nada más despertarme y ver que estaba encerrada en mi antigua habitación.-¡Por favor!
   -Hija, por el amor de Dios, tranquilízate. Creo que es hora de que entiendas que tu padre solo ha cumplido su función, el Señor iba a mandarnos al infierno si no lo hacía. No querrías eso para tus padres, ¿verdad?
   Grité, me desesperé, rompí todo lo que se interponía en mi camino. Al rato, me inundó la frustración y la impotencia. No había posibilidad de salir de allí. Durante las primeras horas de la noche no hice más que pensar. Pensaba en mi vida, en todos los momentos difíciles que había tenido que soportar: el hambre, el desamor, la desilusión. Todos ellos rondaban mi cabeza sin parar. Poco tiempo después, me atreví a imaginar cómo hubiese sido mi vida de otra forma, con otra familia y en otro país. Pero ya nada podía hacer, me encontraba en un callejón sin salida. ¿O sí? Se me ocurrió la idea más sensata que podía haber tenido.
   -Mamá, papá...- balbuceé casi sin fuerzas.-¡Mamá! ¡Papá!-continué esta vez elevando el tono.
   Se escucharon pasos subiendo la escalera.
   -¿Qué quieres, hija?- respondió aquella ruda voz.
   -Solo quiero deciros una cosa. Gracias, os quiero.
   Al fin lo había comprendido todo. Me había pasado la vida sentada en un sofá hablando de mis problemas, cuando en realidad existía una forma más fácil de resolverlos. Miré en el cajón de mi antigua mesita de noche y encontré lo que andaba buscando: las tijeras con las que me cortaba el pelo.
   Fue rápido y sencillo. Un profundo corte se extendía en mi muñeca y acabó con todo.

   Por fin, era feliz.

4 comentarios:

Sergio dijo...

Lamentablemente, muchos casos de padres ultrareligiosos enfermos de la cabeza han habido. No me parece nada irreal este cuento, cosas peores han salido a la luz.

Tanto creer en Dios, para luego despreciar el amor de una hija dispuesta a ver a su padre a pesar de todo.

El final no me gustó, poco se dice salvo en unas breves líneas acerca de la vida de la protagonista, por lo que es imposible deducir que el camino que decide tomar es justificable y comprensible.

Saludos^^

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«-¡Ya voy!-grité mientras intentaba levantarme del suelo».

Espacio entre el signo de cierra y la raya (guión).

«-Hija, ¿esas son formas de vestir? El Señor no debe estar contento. Y vaya casa tienes, podrías limpiar más a menudo. FUERA PUNTO^^ -me reprochó».

Sergio dijo...

Lo que no he entendido es el título y la importancia que le has dado a la escalera. ¡Cuéntame!

Irene dijo...

Exacto, habrá ocurrido millones de veces esta historia.

El final tampoco me gusta a mí. Podría haberle sacado más partido a esta historia, pero como ya dije no voy a retocar ninguna (por ahora).

Gracias por las aclaraciones gramáticas.

Todo lo que escribí carecía de título. Al transcribirlo a ordenador, le di importancia a la escalera porque con ella se desarrollaban los dos sucesos más importantes: la visita de la madre con aquella noticia y, la segunda, cuando le comunicó al padre sus últimas palabras.

¡Gracias por las correcciones! Me están sirviendo bastante de ayuda.

Sergio dijo...

Vale, ahora me cobra total sentido el título. ¡Bien pensado!^^